Martes Febrero 12th 2008, 9:48 am
Clasificado bajo: Cine
Sólo el amor y el desamor desnudan cuerpos y vidas. Sólo el amor y el desamor nos ponen juntos.
Habrá muchas otras cosas en la vida: el esfuerzo, la ambicióin, el poder, el dinero, la salud, la distancia…. qué sé yo y qué poca importancia tiene enumerarlas.
Pero, el cine es la muestra de que podemos , durante casi dos horas, ser cualquier otra persona. Podemos ver y entender aquello que el arte muestra sin nombrar. Podemos sentir la tersura de la vida. Podemos notar el rumbo, el motor, e incluso el suelo de la carretera sobre la que nos deslicemos. Si el cine es grande y vamos en barco, notaremos incluso el mar bajo los pies. Si estamos enamorados, deberíamos notar el viento azul en la mirada.
El cine es conducir sin piloto automático. Y esta película muestra la belleza de lo cotidiano. La amargura y el dulzor de los pasos de baile en la vida: a veces los pasos son adelante; otras, hacia atrás.
Nos espera otro tipo de belleza. O su ausencia. O el intento de conseguir extraer poesía del naufragio.
¡Qué belleza encarnan los cuerpos iluminados! Cuanto amor en la frase de la canción que dice “Tu nombre es mi oración”
¡Dios mío, lo que yo hubiese dado por haber escrito esta frase!. Llegué tarde. Por eso, al menos, la copio y aquí la escribo.
Esta película, hermana -en clave de Beirut- de Love actually, es un concierto cuyo último compás encierra esta salmodia:
Jueves Noviembre 22nd 2007, 7:09 am
Clasificado bajo: Cine
La suerte de Emma, de Sven Taddicken.
Una buena película es un corte en el tiempo. Es un desafío a vivir sólo nuestra vida. Es una invitación a ser más de lo que eres.
La suerte de Emma es una película auténtica, divertida y triste al mismo tiempo. Contiene grandeza humana, porque lejos de pretensiones, cuenta cosas importantes. El buen cine cuenta, siempre, cosas importantes. Y las debe decir sin cesar, sin temor a repetirse, porque cada vida es distinta y porque hay que defender lo esencial.
¡Qué bueno es ver una buena película! ¿Han oído hablar de los bares y salas de oxigenoterapia? Pues esto es oxigeno del necesario para vivir al día siguiente.
Viernes Marzo 30th 2007, 1:12 pm
Clasificado bajo: Cine
Las alas de la vida, Antoni P. Canet, 2006
Es una de las películas más emotivas, inteligentes y desnudas que he visto en mi vida.
La sencillez de una persona que ama a la vida en el proceso consciente, acelerado e irreversible de la separación de este mundo es conmovedora.
Es una lección de dignidad en la desgracia. Es una sesión cinematográfica donde el amor y la amistad, la vida y la muerte ocupan todo el espacio. No hay cosas superfluas porque, ante la muerte, sólo cabe lo esencial: la mirada de una hija a su padre; la de una esposa a su marido enfermo; la de unos padres a su hijo; la de los amigos a su amigo; la de una monja que lleva amor entre dos continentes; la del cineasta al protagonista, Carlos Cristos, a quien acompaña en el testimonio de la esencialidad de la vida
Martes Febrero 20th 2007, 6:35 am
Clasificado bajo: Cine
¿Saben qué sucede cuando ves buen cine? Que te entran ganas de hacer una de dos cosas:
Callar o hablar.
En el primer caso, encierras en lo profundo la emoción que te transforma. En el segundo, te atreves a mirar la realidad con la fuerza de quien ha sido llamado a recordar lo que de auténtico contengamos. Que cada vez va quedando menos, porque cada vez es todo más externo, más envoltorio, más superficial.
La vida en un sistema represor es igual en todas partes. En algunos casos es brutal y obsceno, por evidente, burdo y sangriento. En otros, sutil y perversamente discreto al actuar. Pero, en ambos casos, los sistemas represores odian siempre dos cosas, invariablemente: la libertad y el amor. Por eso a nadie le interesan ni familias que verdaderamente eduquen ni escuelas que verdaderamente eduquen. Crearían demasiada libertad, demasiado amor, y eso no le interesa al sistema.
No existe en esta vida dos valores, dos sentimientos, dos realidades más revulsivas que la libertad y el amor.
Pobre de aquel quien ame, o que sea libre, o que tenga humor…. o que piense, porque le intentarán, invariablemente, quebrar el espinazo.
Vayan a ver esta película. Y, al salir, si pueden, sigan el compromiso de ser libres y amar. Verán qué difícil se lo ponen.
Sábado Diciembre 30th 2006, 6:03 am
Clasificado bajo: Cine
Una película de Alejandro González Iñárritu.
Hay un cine que te traspasa, recordándote que todo lo frágil nos une.
Nos une la pérdida. Nos une la pequeña historia. La Gran Historia vuela sobre nuestras cabezas, en helicóptero, y no puede vernos. A lo sumo, somos manchas de colores. La Gran Historia, esa que gusta a consultores anglosajones (perdón por el pleonasmo), separa, porque no entiende casi nada. ¿Qué tienen en común un desierto en Marruecos, la ciudad de Tokio y la frontera entre San Diego y Tijuana?
Tienen en común el dolor.
Tienen también en común el choque de civilizaciones (ese que algunas personas se empeñan en negar). ¿Cómo no va a haber choque de civilizaciones, esto es, de culturas, si a veces no nos entendemos del todo miembros de una misma familia? ¿No es dolorosamente cierto que personas con los mismos patrones sociales, familiares, culturales, tenemos respuestas distintas?
¿Cómo no ver lo que une y separa, por poner un ejemplo, a gringos de mexicanos? ¿Cómo no ver la terrible seducción del lujo, eso que nos aleja de la tierra, del humus del cual salimos (y al que retornaremos)? La devastadora soledad en la muchedumbre de una discoteca de Tokio no es menor que la que sentirían las piedras del desierto marroquí, de ser animadas.
Una bellísima película, unida por la pérdida, por la fragilidad, por la muerte, por el dolor: esto es, unida por la condición humana. Creo que era Faulkner el que decía que la victoria es una idea de filósofos y de idiotas. En muchas grandes películas los personajes tienen algo en común: la pérdida. Aquí nos enseñan esa fragilidad que nos une y que una parte del mundo maquilla, para intentarla disimular.