Clasificado bajo: Cine
¿Saben qué sucede cuando ves buen cine? Que te entran ganas de hacer una de dos cosas:
Callar o hablar.
En el primer caso, encierras en lo profundo la emoción que te transforma. En el segundo, te atreves a mirar la realidad con la fuerza de quien ha sido llamado a recordar lo que de auténtico contengamos. Que cada vez va quedando menos, porque cada vez es todo más externo, más envoltorio, más superficial.
La vida en un sistema represor es igual en todas partes. En algunos casos es brutal y obsceno, por evidente, burdo y sangriento. En otros, sutil y perversamente discreto al actuar. Pero, en ambos casos, los sistemas represores odian siempre dos cosas, invariablemente: la libertad y el amor. Por eso a nadie le interesan ni familias que verdaderamente eduquen ni escuelas que verdaderamente eduquen. Crearían demasiada libertad, demasiado amor, y eso no le interesa al sistema.
No existe en esta vida dos valores, dos sentimientos, dos realidades más revulsivas que la libertad y el amor.
Pobre de aquel quien ame, o que sea libre, o que tenga humor…. o que piense, porque le intentarán, invariablemente, quebrar el espinazo.
Vayan a ver esta película. Y, al salir, si pueden, sigan el compromiso de ser libres y amar. Verán qué difícil se lo ponen.