Plataforma Editorial
Miércoles Noviembre 28th 2007, 1:58 am
Clasificado bajo: Plataforma Editorial

Jordi Nadal

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La suerte de Emma
Jueves Noviembre 22nd 2007, 7:09 am
Clasificado bajo: Cine

La suerte de Emma, de Sven Taddicken.

Una buena película es un corte en el tiempo. Es un desafío a vivir sólo nuestra vida. Es una invitación a ser más de lo que eres.
La suerte de Emma es una película auténtica, divertida y triste al mismo tiempo. Contiene grandeza humana, porque lejos de pretensiones, cuenta cosas importantes. El buen cine cuenta, siempre, cosas importantes. Y las debe decir sin cesar, sin temor a repetirse, porque cada vida es distinta y porque hay que defender lo esencial.

¡Qué bueno es ver una buena película! ¿Han oído hablar de los bares y salas de oxigenoterapia? Pues esto es oxigeno del necesario para vivir al día siguiente.

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http://www.cameo.es/scripts/esp/trailers_novedades.asp

http://www.zinema.com/pelicula/2007/lasuerte.htm



como por ejemplo, ahora, en Ciudad Juárez
Martes Noviembre 13th 2007, 11:19 am
Clasificado bajo: Viajes

Ciudad Juárez

¿Sabéis qué me pasa cuando estoy en América?
Que quiero ser mejor,
que la gente mejor, está callada.
Aprendo y me siento avergonzado de no ser mejor persona,
porque conozco a gente generosa, abierta, sencilla, culta, humana.

Que la realidad, de brutales contrastes,
al ser menos domesticada que la europea, me hace ser más persona,
porque me confronta con quien debería ser como ciudadano y amigo.

Que hablo de la gente a la que quiero.
Que aprendo.
Que noto muchísimas ganas de vivir.

…Y finalmente, que casi me tumban a bebida: aguanto menos que los mexicanos y estuve a punto de quedar bajo una mesa.

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Antonio Soler: La noche
Lunes Noviembre 12th 2007, 12:09 pm
Clasificado bajo: Amigos

“Era un loco encerrado en un piso perdido de Málaga que había quemado un año de su vida”

> Leemos en El Cultural

Antonio Soler

No tuve, en mis inicios como escritor, esa experiencia habitual de manuscritos devueltos y negativas de editoriales que luego se tiraron a mis pies. Y sin embargo, sí padecí mucha ansiedad a causa de mi primera novela. Fue una novela breve titulada La noche, y creo que para entender cómo fue publicada tendría que explicar cómo fue escrita.

La escritura de esa novela me llevó 9 ó 10 meses. Avanzaba en su redacción con prudencia, temiendo que de pronto aquel cascarón narrativo naufragara y yo me ahogase con él. Porque, al contrario de lo que tal vez ordenase la sensatez, a mis 28 años, no simultaneaba la escritura con un trabajo más o menos decente, sino que había decidido jugar a fondo todas mis cartas para intentar ser escritor, no a tiempo parcial ni de modo tangencial, sino como una auténtica forma de estar en el mundo y relacionarme con él. El resultado de aquella apuesta fueron meses de absoluta precariedad económica, preguntas inquisitoriales, sospechas sobre mi solvencia mental, aliento materno y una incertidumbre corrosiva que irrumpía en mi sueño y lo destrozaba.

A pesar de todo, cada día, poco después del amanecer, continuaba mi manuscrito con letra de hormiga. Y poco a poco, aquella incertidumbre empezó a combinarse con un sentimiento nuevo, había una compensación en el esfuerzo continuado, una compensación que no venía del exterior, sino que se generaba en la propia escritura. La novela iba cuajando, y a medida que esto ocurría, yo iba encontrando mi lugar en el mundo. Era una cuestión íntima, de equilibrio interior.

Por otro lado, el final de la novela encerraba otro factor de ansiedad. Qué iba a hacer cuando la acabase. Vivía al margen de cualquier relación editorial y literaria. Era un loco encerrado en un piso perdido de Málaga que había quemado un año de su vida y que mientras la gente de su edad empezaba a prosperar, él escribía la historia de un enano enamorado y con instintos asesinos. En mi cabeza resonaban nombres maravillosos pero demasiado lejanos, Anagrama, Seix Barral, y a la vez manoseaba las bases de un premio de novela corta. Ateneo de Valladolid. 500.000 pesetas de la época, el fin momentáneo de la miseria. Ése, por inmediato, fue el camino elegido.

Unos meses después tenía el dinero en el bolsillo, y 3 ó 4 años más adelante, cuando gracias a esa novelita andaba haciendo guiones para televisión y escribiendo mi primera novela larga, tuve mi primer contacto con un editor verdadero. Fue él quien llamó a mi puerta. Un milagro. Horacio Vázquez Rial le había calentado la cabeza con La noche a Jordi Nadal, director de Edhasa. Nadal la leyó y me llamó diciéndome que quería ser mi editor. Como no tenía nada inédito y Jordi quería publicarme inmediatamente, reunimos La noche con unos relatos que en ese intervalo me había editado Muñoz Molina en una mínima editorial granadina y con otros que escribí expresamente. A aquellas obras completas les dimos el título de Extranjeros en la noche. Fue el inicio de una larga amistad con Nadal y con el mundo editorial. Después, sí, vendría Anagrama, Jorge Herralde, uno de los mejores editores europeos de los últimos treinta años. Un fugaz rencuentro con Nadal en Círculo de Lectores. Espasa, Destino. Curiosamente, estas editoriales también estuvieron relacionadas con aquella novelita del tormento y el éxtasis. Extranjeros en la noche fue publicado en Círculo y en Espasa, hasta que en 2005, Joaquim Palau y Malcolm Otero decidieron publicar en Destino La noche de modo independiente, tal como fue concebida. La travesía había durado casi veinte años.

Antonio Soler