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Sólo el amor y el desamor desnudan cuerpos y vidas. Sólo el amor y el desamor nos ponen juntos.
Habrá muchas otras cosas en la vida: el esfuerzo, la ambicióin, el poder, el dinero, la salud, la distancia…. qué sé yo y qué poca importancia tiene enumerarlas.
Pero, el cine es la muestra de que podemos , durante casi dos horas, ser cualquier otra persona. Podemos ver y entender aquello que el arte muestra sin nombrar. Podemos sentir la tersura de la vida. Podemos notar el rumbo, el motor, e incluso el suelo de la carretera sobre la que nos deslicemos. Si el cine es grande y vamos en barco, notaremos incluso el mar bajo los pies. Si estamos enamorados, deberíamos notar el viento azul en la mirada.
El cine es conducir sin piloto automático. Y esta película muestra la belleza de lo cotidiano. La amargura y el dulzor de los pasos de baile en la vida: a veces los pasos son adelante; otras, hacia atrás.
Nos espera otro tipo de belleza. O su ausencia. O el intento de conseguir extraer poesía del naufragio.
¡Qué belleza encarnan los cuerpos iluminados! Cuanto amor en la frase de la canción que dice “Tu nombre es mi oración”
¡Dios mío, lo que yo hubiese dado por haber escrito esta frase!. Llegué tarde. Por eso, al menos, la copio y aquí la escribo.
Esta película, hermana -en clave de Beirut- de Love actually, es un concierto cuyo último compás encierra esta salmodia:
Tu nombre es mi oración.
Hemos nombrado la existencia.
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